Frente a la brisa marina del muelle de Altata, el humo denso de la leña de mangle anuncia que la cocina de Doña Ramona está en marcha. A sus 68 años, sus manos conservan la firmeza exacta para cortar un pargo en mariposa con un solo movimiento limpio y la destreza para controlar el calor implacable de las brasas.
“Aquí no hay termómetros ni cronómetros. El pescado te avisa cuándo quiere la vuelta por el olor del adobo y el chisporroteo de la grasa contra el carbón”, comenta Doña Ramona mientras acomoda la zaranda de alambre sobre la barra de ladrillo.
Una Vida Ligada al Mar y a la Cocina
Originaria de una familia de pescadores de Navolato, Ramona aprendió el oficio de su madre, quien preparaba alimento para las jornadas marineras a orillas de la bahía. Lo que comenzó como un pequeño puesto de madera para servir a los pescadores locales se convirtió, con el paso de los decenios, en un punto de peregrinación obligada para amantes del buen comer de todo el estado.
- El Adobo Heredado: Su receta no lleva ingredientes procesados. Una base de ajo machacado en molcajete, mantequilla casera, chile chiltepín seco y un toque de cítricos locales.
- El Respeto al Producto: “El marisco de Sinaloa no necesita disfrazarse. Si el pargo salió hoy por la mañana de la bahía, el fuego solo le ayuda a despertar su sabor”, afirma con orgullo.
El Legado de la Tradición Culinaria
Hoy en día, sus hijas y nietas trabajan a su lado en el restaurante, aprendiendo el arte de controlar el viento, la madera y el tiempo. Doña Ramona representa la esencia de la categoría Rostros de nuestra revista: la calidez, la resiliencia y la pasión que transforman los ingredientes sinaloenses en memorias imborrables para quienes visitan nuestras costas.